Posteado por: quilapayun | 14/04/2009

QUILAPAYUN EN BARCELONA 1974

Quilapayún en Barcelona

Foto promocional de Quilapayun (1974)

Foto promocional de Quilapayun (1974)

Palau Blaugrana

20 y 21 de Septiembre de 1974

Texto José Luis Vergara

-“¿El carnet del partido también?” – La pregunta me la hace en voz alta Guillermo Oddó, Willy, -un ya histórico componente de Quilapayún-, en el pasillo de los vestuarios del Palau Blaugrana, cuando le he pedido que me den sus pasaportes. Se los solicito porque así me lo ha demandado el comisario Peris de la BPS [1], con quien estoy, desde hace un rato, en una sala vestuario. Él, acompañado por inspectores de policía jóvenes, me está haciendo preguntas sobre el acto, en el segundo día de los recitales de Quilapayún en Barcelona, el 21 de septiembre de 1974, organizados por Agermanament [2].

Hago como si no hubiese oído o más bien hago como si los policías a mi espalda no lo hubiesen escuchado. Les digo que ahora voy a buscar los pasaportes y entonces, un policía se me acerca y me enseña un disco, un long play.

– “Es importante que no canten algunas de estas canciones, en especial esta” – y me la señala en la portada. Inmediatamente la reconozco, recuerdo una parte de su letra que más o menos dice “que cara está la ternera, ni que hija de Franco fuera”. Seguramente ellos conocen también la letra, tengo el disco en la mano y con él salgo hacia el vestuario que los Quilapayún han ocupado a unos 20 metros de la sala donde están los policías.

– Bien Willy, – le digo riendo, -simpático lo del carné del partido, a la policía le debe haber encantado, – les explico la ocurrencia del compañero, reímos. Les explico que estoy con un comisario de la policía política y tres ayudantes; ahora ya todos estamos serios. -Me piden vuestros pasaportes-, ahora ya saben con quien tratan, hoy ya no los engañamos. Después les muestro el disco y le repito las indicaciones del policía, un poco perplejos por la situación volvemos a reír y me voy con los pasaportes en la mano, olvido el disco.

Es el segundo día de los dos recitales en el Palau Blaugrana, y la primera vez que Quilapayún actúa en España, tan sólo había pasado apenas un año desde el golpe de estado en Chile. Ellos era la primera vez que desde entonces actuaban en un país donde la gente hablase su misma lengua.

La mañana del 25 de abril, cinco meses antes, volábamos hacia Holanda Jaume Rodri y yo. Vamos a una reunión de Pax Cristi en Leiden y nos han pedido que, representando a la organización en Catalunya, trasmitamos algo de la situación en España. En el avión hablando con Rodri sobre como preparar actos de denuncia sobre los golpes de estado en América, sugiere que teníamos que traer a los Quilapayún a Barcelona y hacer un gran recital. Los dos sabemos que es imposible, una locura, pero nos ponemos a pensar en cómo hacer realidad un sueño tan loco.

En Agermanament se habían editado clandestinamente algunas cintas con canciones de Quilapayún, entonces no había discografía suya en las tiendas, también de Víctor Jara y de Violeta Parra, se vendían en la sede y en actos para conseguir algo de dinero para la solidaridad amplia que desde Agermanament se hacia con refugiados chilenos, argentinos y uruguayos que iban llegando incesantemente huyendo del horror y la barbarie. Ellos llegaban a nuestro país también en dictadura, en su final brutal, en los últimos años.

Todo lo chileno había calado hondo en España. El proceso de la Unidad Popular había sido seguido con gran atención y el golpe que acabó con aquella experiencia, la desaparición de Salvador Allende, fueron un mazazo para todos los demócratas en nuestro país [3].

Aquellos años, finales de los 60 y después en los 70, hablábamos de Chile como si hablásemos de nuestro Gobierno y sentíamos a Salvador Allende como nuestro propio Presidente. Hablar de Chile era hacerlo de nuestros anhelos futuros. Quilapayún representaba entonces para muchos de nosotros, una clara referencia popular, como también lo era Víctor Jara, Los Parra, Inti Illimani… Oíamos sus canciones convertidas en himnos y que ahora nos hacían presente la terrible situación en su país. Muchas de sus canciones habían sido la banda sonora de nuestra toma de conciencia política.

Días después, ya de regreso a Barcelona, hablamos nuevamente Rodri y yo y lo hicimos con otros miembros de Agermanament sobre lo comentado. En unos días averigüé cuales eran los tramites a realizar y preparé un sencillo informe con una propuesta de trabajo en el intento de echar a andar el loco proyecto.

En una tarea ardua, localizamos a los Quilapayún en Paris, ciudad en la cual habían fijado su residencia, a ellos el golpe de estado les cogió fuera del país, creo que estaban invitados a una reunión de países no alineados y tenían algunas actuaciones comprometidas en Europa. Eso les había salvado la vida. Por teléfono les explicamos lo que pretendíamos. España era para ellos terreno vedado, pero tenían inmensas ganas de actuar aquí, sabían de los amplios movimientos de solidaridad y pienso que aceptaron inmediatamente y seguro que también pensaron que estábamos algo locos.

Empezamos a trabajar, les pedimos fotos, letras de canciones, ediciones de otros conciertos, carteles, etc. Y poco a poco, fuimos recogiendo toda aquella información que nos era precisa para poner el proyecto en marcha..

La búsqueda de un espacio adecuado fue el primer escollo a superar en esta larga travesía. Pensamos inicialmente en un Palacio de Deportes, con lo cual, lo más rápido posible empezamos a averiguar cómo se podía alquilar, su adecuación, escenario, la luz, sonorización, taquillas, etc. Lo cierto es que era un terreno virgen para nosotros, ya que ninguno de nuestros conocidos había nunca hecho algo semejante. Yo en mi trabajo había organizado algunos actos pero de mucha menor importancia y sobre todo, para un público más reducido.

Iniciamos conversaciones con el Palacio de Deportes Municipal y vimos que por fechas no era posible, fuimos a hablar con el responsable del Palau Blaugrana donde los equipos de baloncesto, balonmano, voleibol, etc., del F C Barcelona hacían sus partidos. Era un recinto relativamente nuevo, yo nunca antes había estado en él.

Las conversaciones con el gerente del club fueron realmente curiosas. Le traté de explicar de forma somera que queríamos organizar un recital con un grupo americano, y le detallé que cantaban canción folklórica, que se trataba de un grupo que eran muy conocidos allí y poco aquí. Él no debía entender nada y hacia preguntas y más preguntas, (cuyas contestaciones en su gran mayoría, me las inventaba sobre la marcha). Él se manifestaba cauto y yo veía peligrar la entonces remota posibilidad que nos quisieran alquilar el espacio. Por ello intentaba tranquilizarle sobre el grupo y sobre nosotros. Posiblemente nunca nadie haya explicado lo que era Agermanament con tanta ambigüedad y tan vacío de intenciones políticas, pero en aquel momento valía todo.

Cuando me enseño el recinto hice un esfuerzo para no denotar el pánico que me produjo pensar como íbamos a llenarlo de gente y aparentando tranquilidad le pregunté sobre los servicios que ofrecían y no tenían ni idea, era un espacio para deportes y estaban dispuestos a alquilarlo para espectáculos aunque su propósito era simplemente ocuparse de hacer el papel de “caseros”

Insistió en que no querían nada que tuviese significación política y lo tranquilice diciendo que fundamentalmente queríamos hacer algo para obtener dinero a enviar a las misiones que Agermanament ayudaba como organización religiosa que era. Bueno finalmente un poco más tranquilo me dio los datos de alquiler, forma de pago, % de liquidación a la SGAE, metodología para hacerlo a través de entradas controladas, etc. De algunas cosas tenia alguna idea ya, del resto tomé nota concienzudamente.

La preocupación fundamental era la promoción. No contábamos con fondo alguno y teníamos que conseguir que el recital generase algo de ganancias y en consecuencia, evitar el mínimo déficit. Íbamos avanzando con la incertidumbre de obtener permisos y conforme pasaban los días y nuestro proyecto prosperaba, se nos contagiaba una cierta euforia a todos los que estaban, de una u otra manera, involucrados más directamente en la operación, Mariona, Vicens, Cesca, el propio Ribera y obviamente Jaume y yo mismo.

Las conexiones con amigos de prensa especializados en música fueron definitivas. Jordi García Soler que entonces escribía en “Diario de Barcelona” y con quien habíamos tenido algún contacto por trabajos anteriores , también colaboró y nos puso en contacto con un programa de Radio Nacional que entonces era muy importante, “Para vosotros jóvenes”. En éste programa de inmediato contamos con apoyo explicito de Antonio Gómez que arrastró a los García Pelayo, Herrera y otros buenos amigos, alguno de los cuales no he llegado a conocer nunca personalmente. Desde aquel “nido de rojos” insertado en la radio oficial, nos ayudaron a divulgar el recital. Ellos pretendieron también organizarlo en Madrid y a partir de ese momento estuvimos trabajando juntos, pasándonos información y contactos.

Una vez conseguidas las letras que se tenían perceptivamente qué presentar a Información y Turismo pensamos en cómo “aligerar” el impacto de sus contenidos con la finalidad de que los censores eliminasen las menos posibles. Las letras de casi todas las canciones eran muy explicitas y leyéndolas desconocíamos qué hacer para que se aprobasen enteras y sin censura. En un intento desesperado, tomé las letras de las canciones y una a una, las mecanografié, todo en mayúsculas y eliminé cualquier atisbo de puntuación. Mi objetivo era convertir el contenido de cada una de ellas en algo monótono y difícil de leer. Escogimos unas 12 piezas con texto, contando con que los Quilapayún tenían muchas piezas instrumentales en su repertorio.

Una de las canciones era “El pueblo unido jamás será vencido”, todo un himno de lucha universal, otra “Venceremos”, la canción de la Unidad Popular, “Plegaria a un labrador” de Víctor Jara… Y conforme iba escribiéndolas con mi Olivetti, me inundaba un cierto desaliento porque me parecía cada vez más imposible llegar a conseguir todos los permisos pertinentes y superar la censura. Acabé de mecanografiar con cierto desánimo.

Repare en una de ellas que decía ”el partido volverá” y pensé que mantenerla ya era suicida par la obtención del permiso y con absoluta impunidad la modifique y puse “la ilusión renacerá”, no cambie ninguna otra [4].

Personalmente, habíamos acordado que hiciese yo los trámites ya que algunos funcionarios me conocían. La llevé a una funcionaria conocida de Información y Turismo con quien había tratado en otras ocasiones y con la instancia de petición de permisos deposité las copias de las letras.

Este trámite fue breve y se superó; cuando a los pocos días llamé me dijeron que ya podía pasar a buscar el permiso, la gran sorpresa fue que la censura había dejado pasar todas las letras ¡Increíble pero cierto! Me preguntaron quién era ese grupo y hoy no recuerdo como los describí. Supongo que de recordarlo seria bastante risible ahora.

Teníamos permiso de las canciones, y eso nos provoco una euforia contagiable a todo el equipo y nos dio alas para acabar definitivamente el proyecto y por primera vez creerlo viable. Recuerdo que leíamos las instancias de permiso y veíamos todas las letras selladas oficialmente y no nos lo creíamos.

La siguiente y definitiva petición fue ante el Gobierno Civil, de quien dependía todo tipo de actividad que reuniese publico. Preparamos una instancia que todavía hoy conservo en la cual, Josep Ribera, en calidad de Director de Agermanament, firmaba una petición de que se permitiese realizar el recital con el objetivo de obtener recursos para las misiones. Y así la entregamos y entonces comenzó una lenta y tensa espera, cuando apenas quedaban unos pocos días de la fecha prevista para los dos recitales, 20 y 21 de septiembre. Habíamos decidido hacerlos durante dos días porque cuando comenzamos a explicarlo, era tanta la expectativa que se despertaba que creímos poder llenar dos veces el Palau Blaugrana donde cabían unas 6.000 personas.

Entrada del Palau Blaugrana

Entrada del Palau Blaugrana

La venta de entradas se hacia en la sede de Agermanament, varias personas, nuestros amigos, familias, acabaron vendiendo por turnos en una mesa en recepción del local de la calle Diputación, se habían repartido solo unos 300 carteles y sobre todo estaba funcionando el “boca a oreja”. Llegaban gentes de todas partes, algunos compraban varias entradas para ellos y amigos, los precios eran de 150 y 100 pesetas. La sorpresa fue mayúscula cuando una compañera entró y con expresión de susto nos dice, la cola de las entradas da la vuelta a la manzana. Incrédulos bajamos algunos y así era, la gente ordenadamente hacia una larga cola que subía por la calle Villaroel y seguía por Consejo de Ciento, increíble. Sentíamos alegría y preocupación a la vez, la larga cola podía llamar la atención y presentarse la policía. En las horas que duró no pasó nada, nos seguía acompañando la suerte. Se vendieron todas las entradas y aún no teníamos el permiso del recital.

Estábamos eufóricos y ciertamente desbordados y en aquellos momentos recibimos una llamada de Gobierno Civil que me la pasan a mí porque yo era quién había presentado los papeles de solicitud. Me preguntaron por lo que menos podíamos esperar, se interesaron por la localización de las misiones, en qué países estaban y quiénes iban a recibir la ayuda. Pido un momento para facilitarle la información, nervioso traslado la consulta a los que tenía mas cerca y Jaume Rodri, riendo empieza a darme nombres que voy inmediatamente repitiendo por teléfono al funcionario que tomaba nota, Camerún, Chile, Argelia… nos miramos confundidos, ¿Argelia?, Rodri se dio cuenta y le cogió un ataque de risa, el funcionario había tomado buena nota.

Dos días después teníamos el permiso definitivo, Quilapayún actuaría dos días y sus recitales tenían el objetivo de recoger fondos para las misiones católicas. En un margen del impreso ponía la aclaración de los países donde estaban esas misiones, entre ellos Argelia. El documento es un autentico “incunable”.

Llegaron los Quilapayún, los recogimos en el aeropuerto y los acompañamos al hotel que les habíamos reservado. También los paseamos por la ciudad haciendo de improvisados guías. Ellos estaban muy contentos y agradecidos por estar en España, creo que ninguno conocía antes Barcelona y nos faltaba tiempo para preguntarles y explicarnos. Los pusimos en antecedentes de cómo se había organizado todo y creo que decididamente pensaron que estábamos locos. Pero era una fantástica locura, en aquel momento lo importante era que ellos estaban en Barcelona y juntos estábamos a punto de hacer realidad uno de los acontecimientos históricos en Barcelona al final de la dictadura.

En principio ellos sabían que Agermanament era un centro relacionado con la iglesia católica, fueron descubriendo que todos sus componentes los religiosos o ex-religiosos y los otros, eran gente de izquierda, escucharon interesados las actividades de solidaridad con los propios chilenos y otros refugiados americanos, con saharianos, guineanos, etc. Algunos compañeros se reclamaban comunistas, socialistas sin olvidar a maoístas y trotskistas, en fin en pocas horas debimos conseguir que tuviesen una percepción de Agermanament realmente curiosa.

Nos preocupaba mucho la seguridad y en especial la de ellos. Se tomaron algunas medidas, eran momentos en los que pensábamos que era fácil infiltrar a los comités de solidaridad y eso nos preocupaba extraordinariamente por lo que suponía de indefensión hacia muchos compañeros. Los propios exiliados, especialmente los representantes políticos extremaron cautela. Nos ayudaron compañeros del PSUC, del MC y otros. También nos preocupaba alguna acción por parte de gente de extrema derecha y sobre todo qué ello pusiera sobre aviso a la policía antes del recital.

Los Quilapayún llegaron por la mañana del día 19, se celebró la rueda de prensa en Agermanament en la que confiábamos para la promoción aunque ya casi todo estaba vendido, sólo quedaban a la venta las entradas que reglamentariamente se tenían que ofrecer en el propio Palau Blaugrana y que vendidas en situ desaparecieron en escasas horas.

A la rueda de prensa acudieron muchos amigos de los medios, la mayor parte eran conscientes de cuán importante era su colaboración, García Soler, Sopena, Sánchez Larraburru, Antonio Gómez y otros amigos que conocían al grupo y sobre todo que deseaban colaborar. El dossier informativo era casi un prodigio de semántica, se proporcionaban muchos datos culturales, y se insinuaban todos los políticos; todos los asistentes sabían bien de que estábamos hablando.

Para la seguridad en el recital se nos ocurrió adelantarnos y tuvimos una conversación con la policía de la comisaría cercana al Palau Blaugrana, en el barrio de Les Corts. Les dijimos que estábamos muy preocupados porque temíamos algún altercado, -“Ya saben ustedes, son chilenos, ha habido un golpe de estado, puede haber gente con formas de pensar diferente… algún loco”- Dio buen resultado, la tarde noche del recital la policía nos protegía a nosotros y hizo un minucioso registro de todas las zonas, escenario, asientos, vestuarios, etc. Y luego se mantuvieron, para nuestra tranquilidad, en un segundo plano, sin presencia visible.

Describir la expresión de la cara de una gran parte de las personas que entraban al Palau, incluso de nosotros, y de nuestro estado de excitación es muy difícil, por no decir imposible. Aquella primera noche asistieron un sinfín de personas que posteriormente se convirtieron en dirigentes de partidos, sindicatos, movimientos cívicos, ya muchos lo eran entonces, y los saludos eran simples miradas, de complicidad.

El clima era tenso, Jaume Rodri, tal y cómo habíamos acordado, salió al escenario y leyó un texto trabajado anteriormente. Sólo nombrar Chile, la Unidad Popular, Salvador Allende la gente se alzó en pie comenzó a gritar:
-“Chile, Chile, Chile, solidaridad”-, y a corear aquella frase mítica “El pueblo unido jamás será vencido”-, a cada nombre que Rodri recordaba, Violeta Parra, Inti Illimani, Mercedes Sosa, la gente, los más de 6.000 asistentes, más gritaban y aplaudían.

Llego el momento y Rodri presentó a “los compañeros Quilapayún”. Todos se levantaron y aplaudieron largo rato. ¡Cuán impresionante era! ¡Y ni tan siquiera había comenzado el recital! y ya atronaban las consignas de solidaridad con Chile. No sé que podían estar pensando en aquellos momentos los componentes de Quilapayún, Eduardo, Guillermo, Hernán, Carlos, Hugo y Rodolfo…, allí en medio del escenario, vestidos de negro y con poncho del mismo color. Nosotros los contemplábamos expectantes mientras ellos intentaban aguantar la emoción que los embargaba. Estábamos emocionados, miles de puños se habían levantado como antes nunca se había visto en un acto público, con rabia, reclamando democracia, solidaridad y justicia.

En cuanto Quilapayún iniciaron su primera canción se hizo un silencio reverencial, y a su final el delirio. Los Quilapayún pienso no se creían lo que estaban viendo, nada más iniciar el recital. A algunos de ellos los vimos llorar en el escenario, pero se mantuvieron enteros, se dieron cuenta que debían conducir el recital para que la emoción que a todos nos invadía no frustrase un buen final.

En el entreacto nos abrazamos con ellos eufóricos. El trabajo de muchos compañeros y compañeras aquellos días, la incredulidad de vivir lo que estábamos viviendo los Quilapayún y nosotros, hizo que aflorasen sentimientos reprimidos tanto tiempo y nos sentimos hermanos, la emoción nos contagió.

El recital fue discurriendo de forma ordenada, las presentaciones que hacían de cada pieza eran aplaudidas, interrumpidas con consignas solidarias y ellos mantuvieron un tono moderado hasta en las palabras y en los gestos lo que les debía costar un gran esfuerzo.

Durante todo el recital se fueron abriendo las puertas del Palau que estaban situadas detrás del escenario; de esta forma se permitía que entrase una buena parte de gente que se había quedado afuera sin entradas, y casi reptando, se colocaban en los rincones más diversos del Palau. Y así entraron varios cientos, ¿Cómo podíamos dejarlos fuera? Nadie lo detecto ni lo impidió, entraron todos.

Por la noche tuvimos una fiesta en Agermanament a la que también invitamos a otros amigos, vino Raimon, Maria del Mar Bonet y algunos políticos que habían asistido al primer recital. Aun nadie se creía bien lo que estaba ocurriendo. Pero ya sabíamos que se podía haber acabado la suerte.

Por la mañana en Madrid la policía cargó sobre gente que esperaba comprar las entradas para el recital allí. Una persona de la organización parece que por error o por miedo no presentó a tiempo las solicitudes de permiso, incluso engañó a sus compañeros, haciéndoles creer que todo estaba en marcha, se difundió la noticia del recital y la gente acudió a comprar.

Con los pasaportes en la mano volví a la sala donde el Comisario y los tres policías esperaban, se los miró lentamente, el ambiente era tenso, el comisario no decía nada, los juntó. me los alargó y dijo secamente: -“Devuélvaselos”. Inmediatamente salí de la sala por si acaso se arrepentía.

Ellos estaban con muy buen humor y la prueba me la dieron de inmediato, habían firmado todos en el disco que me había dado el policía, “Para el amigo policía”, “Chile vencerá”, “el pueblo unido…” y otras dedicatorias que firmaron con sus nombres. Nuevamente Oddó parecía el impulsor aunque hasta el más aparentemente serio, Eduardo, el líder del grupo, también reía y más supongo al ver mi cara al leer las dedicatorias.

Con el disco en la mano volví junto a los policías. Me dirigí al que me había dado el disco que era bastante joven y le dije de carrera, – “Mire les ha hecho mucha gracia que un policía tenga este disco y han querido dedicárselo, espero no se moleste”-. El policía me miraba perplejo, tenía el disco e instintivamente hacia como que lo metía bajo su chaqueta, luego volvía a mirarlo y leer las dedicatorias; no supe qué pensaba y por si acaso, ni se lo pregunté. Me volví, salude al comisario y le dije que si habíamos acabado me volvía al recital que ya estaba a punto de comenzar en su segundo día y ante su silencio me fui.

Tenía sensaciones contradictorias, tenia ganas de reír, había hecho un papel de idiota absoluto y creo que eso fue precisamente lo que salvó la situación. En la calle ya la policía antidisturbios habían rodeado el Palau Blaugrana y estaban preparados y dispuestos a para entrar a la mínima oportunidad.

En el momento en que se producía la entrada del público, los antidisturbios se hicieron bien visibles y con intimidación hacían “pasillos” por los lugares donde el público entraba ordenadamente al recinto. Finalmente no aparecieron en su interior y el segundo día de recitales volvió a ser una gran fiesta.

Se impartieron consignas de tranquilidad y de no permitir provocaciones y todo el mundo hizo caso de ello. Fue espectacular ver como se vació al final del recital y más de 6000 personas pasaron nuevamente entre los antidisturbios y no ocurrió nada. (En esto la colaboración de los Quilapayún que hacían las presentaciones de las canciones con gran cuidado fue fundamental. Cualquier referencia a personas y situaciones electrizaban a los asistentes y eran acogidas con un griterío de consignas y aplausos impresionante).

En silencio, algunos de nosotros y de los Quilapayún vimos parte de la escena, en silencio estábamos juntos amigos de dos países sin libertad, uno en las etapas finales de una larga dictadura y otro iniciando su larga andadura ante los años de terror que nadie sabía que aun les aguardaban.

José Luis Vergara
Enero 2007

Nota: Este articulo es un ejercicio de recuerdo de uno de esos actos que se graban en la memoria personal de por vida. Con mi recuerdo y cariño va dedicado a los “hermanos” de Quilapayún y a todos aquellos otros “hermanos” que con su trabajo arriesgado y generoso hicieron posible la existencia de Agermanament.

 

[1] Brigada Político Social grupo policial de represión política.

[2] Agermanament era en sus inicios un movimiento de iglesia. Funcionaba como plataforma ideológica de izquierda y solidaria creado para la ayuda a los refugiados y exiliados políticos que llegaban a nuestro país. Sus creadores, cuando el obispado de Barcelona quitó todo soporte a la Vicaria por los Refugiados viendo la tendencia ideológica de quienes la llevaban, personas de iglesia que habían tenido experiencia en diversos países y que se encuadraban en la izquierda. Agermanament, sus componentes y colaboradores tuvo un papel muy activo en la parte final de la dictadura y como plataforma unitaria amas de sus actividades solidarias y políticas durante unos años organizó diversas actividades, algunas como los recitales de Quilapayun se convirtieron en actos multitudinarios que se han fijado en la memoria. También dos años más tarde se organizo un Homenaje a Neruda (1977) que presentado por Rafael Alberti en su primera actividad pública al regreso de un exilio de casi 40 años conto con la primera presencia en España de Inti Illimani y de Aparcoa. Un año antes se había organizado otro recital, asimismo el primero en nuestro país, de Mercedes Sosa.

[3] Años después, en una conversación con Josep Ribera, (miembro fundador y director en el 74 de Agermanament) este comentó a Isabel Allende Bussi, que los tres acontecimientos que más nos habían marcado eran nuestra propia guerra civil, la revolución cubana y la el proceso de la Unidad Popular y el posterior golpe de estado en Chile.

[4] Los tramites que eran precisos para organizar un acto donde asistiese público se hacían ante el Ministerio de Información (censura) y el Gobierno Civil (control político)

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