Posteado por: quilapayun | 03/07/2008

MENTIRAS, FRAUDES Y ADULTERACIONES

Ante ciertas opiniones vertidas por aquí y por allá por interesados en nuestro conflicto – algunas con evidente intención de crear confusión, pero otras no tanto – uno no deja extrañarse del grado de desinformación que muestran algunos ante nuestro problema. Que en un principio las cosas se prestaran para generar desconcierto y no pocos enredos era comprensible, debido al desconocimiento de la situación provocada al interior del grupo por el “director” Parada y el “subdirector” Wang, y también debido a las precisiones legales que es necesario tener en cuenta para comprender cabalmente el asunto – que no son tan sencillas -, pero cuando ya hemos ganado 4 juicios en Chile y 2 en Francia, cuando ya hemos arreglado los asuntos con nuestras casas de discos (salvo en España donde Parada firmó contratos sin representatividad y desde hace 4 años no se nos pagan nuestro derechos legítimos como dueños del Catálogo que se está explotando), cuando ahora último ellos han tenido que desistirse de su apelación en Chile, que ya tenían perdida, cuando hemos restablecido nuestras relaciones con el público chileno y latinoamericano sin echar mano a los oportunismos políticos que los disidentes han tenido que utilizar para “acarrear” gente a sus conciertos, cuando hemos hecho giras exitosas en Francia logrando trabajar al más alto nivel artístico, cuando en todos los programas de televisión o de radio que se han hecho sobre la canción chilena, tanto en Chile como en otros países, se ha reconocido espontánea y naturalmente nuestro grupo como el único legítimo, entrevistándonos en tanto depositarios de la herencia artística y cultural del Quilapayún, cuando hemos realizado nuestra histórica vuelta a México marcada por un emotivo reconocimiento del público, de artistas, de organizaciones políticas y culturales, cuando hemos hecho una igualmente exitosa vuelta a España (especialmente Cataluña, precisamente donde Parada había encontrado apoyos hasta ahora), donde los propios empresarios artísticos que hasta ayer trabajaron con el grupo sucedáneo de Parada en la Madre Patria, han descubierto sorprendidos que este los había tenido completamente engañados sobre la verdadera situación de nuestro grupo y nos han ofrecido trabajar para nosotros – cosa que ya hemos aceptado -, cuando ha quedado a la vista el discurso mentiroso de Parada sobre la renovación y nosotros, en cambio, sin hacer aspavientos, después de la segunda edición de “Siempre”, nos encontramos en proceso de grabación de nuestro próximo disco, ¿Se necesitan todavía pruebas de mayor legitimidad? Para las personas de buena fe, no, por cierto. Para los otros siempre habrá motivos para dudas, porque es precisamente sembrando esas dudas que el grupo usurpador puede mantenerse.

Que hay dos grupos, es cierto, es una realidad que no podemos negar, pero el punto es que uno es el Quilapayún y el otro no; eso es todo. Y si bien no es una confusión afirmar que el grupo usurpador es “de Parada” – pues él actúa como gerente, contratando para cada ocasión músicos nuevos y tratándolos como empleados suyos sin ningún derecho a decisión – en cambio sí es una equivocación afirmar que el Quilapayún de Chile sea “de Eduardo Carrasco”. El Quilapayún es y siempre ha sido de todos sus integrantes, quienes del modo más democrático deciden sobre las cuestiones más importantes relacionadas con el grupo, costean los principales gastos con el trabajo común, se reparten las responsabilidades que es necesario cumplir y son amigos hasta el punto de constituir algo muy parecido a una familia. De ese espíritu no se podrá encontrar ni un solo rasgo en el grupo de Parada, porque simplemente este grupo no es el Quilapayún. Si se habla de “Quilapayún de Carrasco”, o es con mala intención, o es simplemente porque se desea recordar con ello que aquí está el fundador del conjunto y por lo tanto la máxima legitimidad histórica. Porque sería una injusticia minimizar el aporte de Carlos Quezada, nuestra mejor voz de todos los tiempos y la más característica, de Hernán Gómez, la figura más luminosa en el escenario desde que murió Willy y el artífice de todos nuestros triunfos legales en Francia, de Hugo Lagos, el músico más completo y necesario, hasta el punto que desde que tengo memoria no recuerdo ninguna actuación en la que él no haya estado; de Guillermo, la guitarra y la hermosísima voz que reemplazó la voz de Parada superándola cuando a este último se le estranguló y quedó impedido de seguir cantando (Hoy día apenas es capaz de hablar); de Farsán, el infaltable motor de entusiasmo y de fuerza que está y estará siempre en todas nuestras iniciativas; de Rubén, con su voz inconfundible y su sensibilidad artística, su espíritu de compañerismo y su aporte al equilibrio y a los valores éticos del conjunto. Y finalmente, los jóvenes, el Ismael, tan indispensable hoy día como lo fue en otro momento su padre, y más todavía porque ha agregado su creatividad en canciones y arreglos, el Sebastián con su buena onda entusiasta de músico fuera de serie y de percusionista para qué decir y, ahora último, también Caito Venegas que se ha ido abriendo sin grandes alardes un espacio en nuestro mundo. Ese es nuestro grupo.

¿Y el de Parada, cuál vendría siendo? Desde que empezó este conflicto puedo contar por lo menos cinco formaciones diferentes: con los Ortiga, sin los Ortiga, con Chañaral Ortega, sin Chañaral Ortega, con Los Calchaquíes, sin los Calchaquíes, con un francés que cantó en un tiempo (Dominique no sé cuánto) y sin ese francés, con un tal González y sin el tal González, etc. etc. etc. Sin duda en todos los casos se trata de verdaderos revolucionarios, con una larga historia de compromiso y todos dispuestos a entregar su vida por los altos valores políticos que rigen su existencia. Son esforzados luchadores que sin importarles el dinero, llevan adelante sus proyectos de “tradición y renovación”, como lo dice su consigna. En realidad, son meros intérpretes provenientes de otros conjuntos que tocan en caves y salsotecas parisinas y con una tremenda experiencia en el “cancheo” musical. Wang y Pinto son del conjunto Amankay, Arriagada es de los Calchaquíes, Contreras es del Karumanta. Entonces ¿Quién puede creer en estas agrupaciones de Parada? Respondo: Por ejemplo, la punta de oportunistas, como los responsables de poco visitadas páginas WEB que necesitan creerse el cuento de que el tiempo no ha pasado y de que las mismas cosas que valían hace 40 años, siguen vigentes y de la misma manera, o trasnochados periodistas, por supuesto, convenientemente “mojados”, que no tienen escrúpulos para secundar a Parada en sus majaderías, o el inefable Coulon que después de 40 años en los que hablaba pestes en contra de Parada, ha descubierto sorpresivamente ahora que en realidad era su amigo y hasta su cómplice. Estos son los que tratan de elevar a pulso a estos “comprometidos con la revolución” que se aprovechan de nuestro pasado y el de nuestros hermanos de época, como Víctor Jara, a quién ni siquiera conocieron, para hacer mala política a través de todavía peores canciones, que nunca han tenido, ni tendrán jamás, ninguna repercusión entre los chilenos.

Y vengan Parada y Wang a hablar de Víctor Jara (porque además son siempre los únicos que hablan. Los demás no tienen derecho a voz porque en su condición de meros músicos “cancheros” no forman parte en un 100% del “proyecto” ) y a decir frases como “cuando trabajábamos con Víctor” o “Víctor nos enseñó…” o “Víctor era esto” o Víctor era lo otro”. Parada apenas estuvo dos o tres veces con Víctor, y no creo que haya cambiado en su vida más de tres o cuatro palabras con él, y Wang simplemente leyó las cosas que nosotros hemos escrito sobre esto y las repite, porque no se cruzó en su vida con él. Lo mismo ocurre con Allende, o con Pablo Neruda y hasta a veces con Matta, lo que es el colmo de la desfachatez. Hablan de “nuestra historia” cuando en realidad solamente la han vivido tangencialmente y ni siquiera han estado nunca a la altura de ella. ¿Esos “nosotros” que Parada y Wang repiten en las entrevistas se refieren a quién? ¿A sus músicos? ¿Son Pinto, Contreras, Arriagada y González los amigos de Víctor, los que hicieron las campañas con Allende? ¿Ellos son los que estaban en las listas de Pinochet que prohibían la entrada al país y tuvieron que vivir 15 años de exilio debido a su compromiso con el Gobierno Popular? ¿Ellos son los que han grabado los más de 30 discos que conforman nuestra discografía? ¿Ellos son los que han hecho los más de 2000 conciertos en cerca de 40 países, que le han dado su prestigio al conjunto? No, no son ellos, somos mayoritariamente nosotros y por eso es que somos el Quilapayún y ninguno de ellos tiene el derecho a suplantarnos. Eso es lo que han comprendido los jueces y eso es lo que solo la mala fe puede negar. Y es eso lo que hace que Parada y Wang estén definitivamente perdidos en sus pretensiones, todo eso es lo que han pisoteado y negado y lo que tarde o temprano se transformará en una fuerza que los borrará de esta historia.

Como Parada es la esencia misma del oportunismo, a pesar de que no hace mucho compartía nuestro discurso crítico en relación con esas organizaciones, hoy día se ampara bajo ese alero porque cree que de ese modo podrá tener el apoyo que perdió desde que nuestra sola presencia alejó sus sueños de representar una historia que lo supera. Así, los Quilapayumanía (Terminator 14) se han estado presentando en Chile y pisoteando lo que fue nuestra historia común apoyándose en estas gentes. ¿En qué quedó la revolución y las estrellas? ¿En qué quedó la importancia de Matta en la conciencia de la finalidad del arte en el proceso político y social? ¿No estábamos en contra del stalinismo y sus representantes? ¿No era el mismo Parada el que cantaba la “Luz Negra”? ¿Y no era Wang el que le puso música al “Oficio de Tinieblas” de Desiderio Arenas, que se suponía que era una denuncia en contra de las iglesias, de los Comités Centrales y en contra de los sectarismos y de las censuras de las que queríamos apartarnos para siempre? ¿Y son estos olvidadizos los que pretenden ser la continuidad del Quilapayún? ¿Cómo asumen las experiencias de nuestra historia y las conclusiones que juntos sacamos en su momento?    

Y lo más asombroso es que a pesar de que son ellos los que le han vuelto las espaldas a nuestra propia historia, se busque confundir a las personas recordando frases dichas en el pasado o pretendiendo que nos hagamos cargo de situaciones que nada tienen que ver con lo que se generó a partir del 2003. Se hurga en todos lados con el objeto de encontrar afirmaciones que puedan servir para “demostrar” nuestra supuesta “inconsecuencia”. Aclaremos algunas de ellas una vez más para cerrarle el pico a este insensato parloteo. Una de ellas es la que afirma que yo me fui del Quilapayún y “abandoné el proyecto”. Yo no me fui del Quilapayún, me quedé en Chile, que es algo muy distinto. Algo parecido le ocurrió al Willy cuando se vino a Argentina. La distinta calidad humana de quienes dirigíamos el conjunto en el momento de la partida de Willy queda retratada en el hecho de que en el día de la fiesta de su despedida le hicimos entrega de un anillo de oro con la palabra “Quilapayún” grabada en su interior, así como con las fechas de su entrada y de su salida del conjunto. Con eso queríamos señalarle que aunque se alejara de nosotros en ese momento, seguiría siendo siempre uno de los nuestros, pues se forma parte de nuestro grupo porque se comparte una historia de vida y unos ideales que no terminan con el simple alejamiento geográfico. Con ese anillo fue enterrado el Willy. Es bueno recordar ahora la carta que nos escribió desde el avión que lo llevaba a Argentina, donde reafirmaba su compromiso de siempre con el Quilapayún, del que se alejaba momentáneamente, pero del que no estaba en su espíritu abandonar. A mí en un principio me pasó lo mismo. De hecho, yo seguí algún tiempo vinculado al grupo y me preocupé de organizar la gira de enero de 1989. Y podría haber seguido vinculado si no hubiera sido por la ambición de Parada que comenzó a ver mi relación con el Quilapayún como una amenaza para sus ridículas pretensiones de pasar a ocupar el rol que yo ocupé durante 20 años intensos y decisivos (Porque Parada – hay que decirlo – es un aprendiz de Eduardo Carrasco que ha salido reprobado por sus examinadores). Mi conflicto posterior se produjo precisamente por la mala onda que venía de él y que llegó hasta el punto de hacerlo enviar cartas paranoicas al propio Ricardo Lagos, cuando era Ministro de Educación, para advertirle que ni por nada del mundo fuera a considerarme a mí parte del conjunto del cual ahora él se arrogaba el título de “Director”. Como en ese tiempo yo trabajaba con Lagos en el Ministerio, era el único que finalmente terminaba leyendo estas cartas que, por supuesto, no tuvieron nunca ningún tipo de respuesta. Y lo más ridículo es pensar que si la hubieran tenido, como asesor cultural que era yo en ese tiempo, habría sido yo mismo el que se habría ocupado de redactarlas.

Por otra parte, se afirma en mi contra que yo habría dicho en no se qué entrevista que me declaraba alejado de la música. La verdad es que nunca me he considerado fundamentalmente un músico. Tampoco hoy día lo hago y cuando comparo mis aportes en el ámbito de la filosofía con lo que he podido hacer en el terreno de la música menos dudas tengo al respecto. Soy un filósofo con algunas condiciones musicales, que me han permitido hacer algunas canciones todavía soportables (otras menos), pero la idea que tengo de la música es más alta que la que tengo de mis dotes para hacerla. Dicho esto, a pesar de esta verdad, soy infinitamente más músico que Parada, quién durante mucho tiempo se benefició de mis escasas dotes musicales cuando venía a solicitar mi ayuda para transformar los mamarrachos que me traía en verdaderas canciones. Y no solo Parada se benefició de mis ideas musicales, también Wang, a pesar de su intento de borrarlos en las informaciones de carátula de los discos que ambos editaron cuando se ocupaban de la “difusión” del catálogo. Se olvidaron de mis aportes creativos en casi todas las canciones de Parada y en algunas de Wang: en la “Chabela”, en el “Oficio de Tinieblas” y en el “Canto VII” de Huidobro (fui yo el que le sugirió musicalizarlo). Pero mi aporte al Quilapayún se debe más que nada a que siempre fui reconocido por mis compañeros como alguien que podía hacerse cargo de ciertas decisiones que de no haberlas tomado yo, habrían causado entre nosotros discusiones interminables. La dirección de un grupo como el nuestro tiene que imponerse de modo natural, no puede haber imposición ninguna porque ninguno la aceptaría, cualidad que por lo demás habla bien de mis compañeros. Lo que jamás pudo hacer Parada, ni jamás podrá hacer, es ser reconocido espontáneamente como líder, porque no tiene dotes personales para ello. De ahí su constante tendencia a hacerse valer de un modo artificial y a mostrar sus roles por todos lados, en los documentos del conjunto, en las entrevistas, y en todas partes donde puede hacerlo, como si el recordar el papel que él cree cumplir le diera las cualidades que requeriría para asumirlo. En realidad es al revés, son las cualidades personales las que crean un ascendiente sobre los demás y es así como se generan relaciones de respeto mutuo y de responsabilidades que todos aceptan de buen grado y no como una imposición. No hay disco del que él se haya hecho cargo simplemente de que saliera a la venta, en el que no figure su nombre como “Director” del Quilapayún, “Responsable de la edición” y otras expresiones de su megalomanía. Para él, estos apelativos deben ser un atributo honorífico de tal magnitud que está dispuesto a mentir y a engañar con el objeto de vérselos atribuir. Figura como “director” hasta en ediciones del disco “X Vietnam” – donde ni siquiera participó – y hasta en los afiches de su grupo, donde estampa la presentación de su nombre con estos títulos. Estoy seguro de que debe tener tarjetas de visita con ellos, que repartirá nerviosamente por todos lados durante las recepciones mundanas donde se hará invitar. Es patético.

Y es extraño que a los periodistas no les haya llamado más la atención la vuelta en 180 grados que se ha dado Parada en su estrategia en el juicio en Chile. No se ha reparado suficientemente que toda esta larga y lamentable historia comenzó con el intento fraudulento de inscripción de la marca a su nombre, acción que motivó el inmediato rechazo de todos nosotros. Si él hubiera actuado honestamente y nos hubiera consultado o hubiera buscado un acuerdo – que era lo más aconsejable en este caso – nada habría ocurrido tan desfavorable para sus pretensiones. No es que nosotros estuviéramos llanos a aceptar una situación como la que posteriormente se produjo, pero al menos todos nos habríamos ahorrado estos años de juicios y de seguro hubiéramos encontrado algún arreglo. A lo mejor se hubiera podido llegar a la situación en que estaban los Inti Illimani antes del comienzo de su conflicto, a lo mejor se podría haber llegado a una inscripción colectiva y a un arreglo para que los integrantes históricos hubieran podido presentarse a veces, a lo mejor habríamos podido hasta llegar a compartir el nombre con calificativos diferentes. Pero nada de eso fue posible justamente porque Parada desde un comienzo actuó con deshonestidad y pretendió aprovecharse de nuestra inadvertencia para apoderarse de todo, que es lo que siempre quiso.  Desistirse ahora es reconocer que nuestra reacción fue adecuada y que nuestras reclamaciones eran justas. Dijimos desde un comienzo que el Quilapayún es una iniciativa colectiva y que nadie se puede arrogar el derecho a poseerla con exclusividad. Y resulta que ahora que hemos ganado todos los juicios, él se ha dado una voltereta para afirmar exactamente lo que nosotros dijimos desde un principio. O sea, han tenido que pasar cuatro años de enfrentamientos para que el hombre se de cuenta de que estaba haciendo algo incorrecto. Está claro que no es de ágiles entendederas.

 

Y lo que sobrepasa todos los límites – uno no sabe si esto se debe a deshonestidad o a simple falta de inteligencia – son las palabras de quién intentó inscribir subrepticiamente al Quilapayún como marca personal y que ahora, en el diario La Nación, para explicar su voltereta, afirma: “Yo diría que Quilapayún nunca tendrá un dueño, porque es patrimonio de nuestra cultura nacional y pensar en un solo dueño no tiene que ver con su espíritu“. Creo que a esto habría que ponerle música porque palabras que demuestren a este punto la desfachatez de quién las pronuncia solo pueden ser leídas cada veinte o treinta años. O sea que, según él mismo lo dice, su intento de apropiarse de la marca es contrario al espíritu del Quilapayún ¿Es que este personaje cree que los chilenos son pelotudos hasta el punto de no darse cuenta que aquí hay una contradicción del porte de un elefante? ¿Y qué has estado haciendo entonces Parada durante todos estos años si pensabas verdaderamente que las cosas eran como las estás diciendo? Ante esta respuesta imposible, el periodista sorprendido le pregunta: “¿Por qué desistió entonces?” Y ahí viene el punto en que Parada llega al clímax y transforma su discurso en motivo antológico. La deriva hacia la total incoherencia hace que sus palabras adquieran un rango surrealista y transformen definitivamente a Parada en la caricatura de sí mismo. Estoy seguro de que ningún otro que él podría haber imaginado algo como esto. Nos sentimos transportados dentro de una obra de Ionesco, o tal vez es el propio Ubu Rey el que ahora nos habla: “Simplemente para poner en coherencia los sistemas, hasta que el Tribunal de Casación (Francia) dé su veredicto sobre el anterior fallo (2007)“. O sea que “los sistemas” no estaban en coherencia. Ahora que él desistió del juicio en Chile, por fin están. En los “sistemas” no había en juego cuestiones de principio que tuvieran que defenderse. Se trataba simplemente de cuestiones tácticas para ver si podía apoderarse de lo que no le correspondía. Como perdió los dos juicios en Francia, ahora hay que cambiar de discurso en Chile, para ver si por fin se puede convencer a los jueces franceses de que su grupo de falsarios es el verdadero Quilapayún. Ante todas estas barbaridades, nos preguntamos cómo ha sido posible que un personaje como este haya estado durante tantos años con nosotros sin que nos hayamos dado cuenta de cuáles eran sus verdaderas intenciones. No vamos a entrar en un intento de explicación de esto por el momento, porque en esta novela faltan todavía algunos capítulos que de seguro aclararán definitivamente esto por sí solos. ¿Pero no es todo esto lo que en Chile habitualmente se llama “cara de raja”?

Y esto es característico de este personaje, porque no he visto persona más torpe que él para abrirle paso a sus propios planes. Eso, paradójicamente lo ha transformado en nuestro benefactor. En efecto, es como reacción a sus tropelías que nosotros nos hemos reencontrado. Y más todavía, es gracias a él que hemos podido editar nuestros discos. Cuando estos eran editados por el sello Alerce, él tomó la decisión, sin consultarnos, de trasladar el catálogo al sello Warner Chile. Hizo tratativas a espaldas nuestras y firmó un contrato sin comunicárselo a Alerce. En esos días organizó una gira a Chile y aunque sabía que terminaría sus relaciones con este sello, le pidió una alta suma de dinero para publicidad. Como a Alerce le interesaba el catálogo se la entregó, y Parada, saliendo de las oficinas del sello, se fue inmediatamente a firmar el contrato con Warner (todo esto está contado por Alfredo Troncoso en un juicio que tuvimos en Chile y que también ganamos). Se imaginará el lector la afectuosa predisposición hacia Parada que hoy día existe en el sello Alerce, que fue esquilmado de manera inaceptable.

 

Rodolfo Parada posando en frontis de Warner Chile

 

Pero la historia sigue. Estando ya con un contrato con Warner, como este sello dudaba de editar el disco de Terminator (Au Palau) por encontrarnos en litigio y porque también nosotros teníamos entonces un disco por salir (Warner Chile no quería dirimir un juicio que tenía que solucionarse en los tribunales, lo que era justo), Parada fue a la EMI y pasando por encima de sus acuerdos con la Warner, firmó un contrato con ellos. El disco salió y estuvo unos días en las disquerías (sin mucha venta, como era de esperar). La Warner envió una carta a la EMI comunicándole que el acuerdo con Parada era ilegal y el disco fue inmediatamente retirado del comercio. La EMI perdió todo lo invertido y se vió obligada a destruir los ejemplares que tenía en sus bodegas. Se imaginarán también la felicidad que experimentarían los gerentes de la EMI si un día se acercara Parada a las oficinas del sello para ofrecerles nuevamente la edición de su disco. Y finalmente, como Parada no cumplió con la Warner y los metió en este lío, tampoco están muy dispuestos a entrar en tratativas con él. Gracias a las deshonestidades de Parada, la Warner se sintió liberada de las obligaciones que tenía con él y hasta ahora ha editado dos discos nuestros, el “Siempre” y “El Reencuentro”. Para más remate, el sello La Oreja fue formado por la persona que era gerente de la Warner en el momento en que ocurrieron todas estas cosas, quién además publicó nuestro disco con los Inti Illimani (Inti Quila).  Por lo tanto, ni Alerce, ni la Warner, ni la EMI, ni La Oreja quieren saber nada con Parada, y como estas cosas se han comentado profusamente en el medio de este tipo de empresas, eso ha impedido que ellos hayan podido sacar su disco. Nadie quiere hacer nuevos negocios con Parada. Son ellos mismos los que se han perjudicado debido a su propio descriterio, lo cual de carambola nos ha favorecido a nosotros. Y esto es solo un ejemplo, la lista de las torpezas es enorme, e incluye la falsificación de un documento presentado en el juicio en Francia, la presentación del auspicio del Consejo de la Cultura en el mismo juicio, el que tuvo que ser revocado por poner en aprietos a la Ministra de la Cultura (que tampoco es de las más avispadas), el bluff que se hace con anuncios de conciertos que no se realizan, de presentación de discos que no salen, de renovaciones que no existen y de éxitosas giras que solo han tenido lugar en la imaginación de Parada y Wang. ¡Como si sobre la base de falsificaciones y mentiras se pudiera levantar alguna construcción sólida!. Y para colmo de colmos, la ridícula invención de Quila News que difunde incesantemente estas falsedades y que tiene a los que las reciben hasta más arriba de la coronilla, como algunos me han comentado. La “CNN” de Parada busca por medio de la frecuencia y la multiplicación de mensajes falsos transformar la cantidad en calidad y se ha transformado en una pesadilla para los que todavía la reciben. Y no hablemos de las ridículas “declaraciones” de Parada y Wang en las que se intenta siempre torcer la verdad y hacer pasar gato por liebre para ver si así se puede prolongar la confusión de la que hasta ahora se han beneficiado. Me da vergüenza imaginarme que algunos despistados puedan pensar que detrás de toda esa estupidez podamos estar nosotros.

 

Pero en realidad, todo esto no se debe solamente a la tontera. También hay aquí el intento – aunque igualmente tan poco inteligente como lo anterior – de abrirle un espacio a su grupo trucho. Nosotros hemos afirmado lo que vamos diciendo, no por cálculo, sino porque tenemos la convicción de que nuestra historia es colectiva y que las decisiones concernientes al grupo también deben serlo. Por supuesto que cada cual tiene su derecho y nuestro deber es respetarlo, aún en el caso de que no estemos de acuerdo con las ideas que se exponen o con las acciones que se emprenden. En nuestro grupo operan principios democráticos y así tendrá que actuarse una vez que salgamos de esta situación y podamos definir una estrategia de acción a partir de la atribución de los derechos de cada cual. Y como en todo sistema democrático, aquí operarán las mayorías, porque las minorías tienen derecho a expresar su opinión, pero no a inmovilizar los procesos en su favor. Parada cree ingenuamente que oponiéndose a la inscripción, él podrá detenerla para seguir manteniendo la ambigüedad actual en la que todavía puede operar en los medios que le prestan su apoyo. Dentro de poco descubrirá que está equivocado.

 

O sea, hay en él una pretensión desmesurada desde un comienzo y provocada por la estúpida idea de que él y su compinche Wang serían la verdadera continuidad del Quilapayún. Lo característico de esta actitud es el desprecio absoluto, existente en ambos, de sus compañeros de siempre, con los que vivieron durante largos años conciertos y giras exitosas de las que no les quedó el recuerdo ni en sus corazones ni en sus cabezas. Como si Carlos, el Negro, Hernán y Guillermo hubieran sido siempre una mera comparsa con la cual hacían y deshacían, meros instrumentos de sus planes artísticos y económicos. La verdad es que aquí hay una injusticia culpable, porque si bien en todo grupo existen diferencias de creatividad, de talentos organizativos o de fuerza de voluntad para llevar adelante iniciativas, en la historia del Quilapayún se ha demostrado que estas cosas se equilibran, pues las habilidades que se requieren para llevar adelante un cometido artístico y cultural como este grupo son múltiples y nadie en el mundo podría tenerlas todas. Hay diversos talentos que se ponen en juego: entre otras cosas, en cuanto a la organización, está la capacidad de decisión sobre lo que más conviene en un determinado momento, el orden administrativo, las relaciones con las empresas con las cuales se trabaja, los conocimientos económicos para organizar adecuadamente las iniciativas y financiarlas; en cuanto a lo artístico, está la creatividad, la visión de lo que hay que hacer en cada momento, el gusto y la consecuencia con la línea que se ha adoptado para hacer los arreglos y las presentaciones escénicas, la calidad poética de los textos, tanto en su creación como en su elección cuando los hacen otros, el buen criterio en la selección de las canciones para los programas de conciertos y para los discos, el talento interpretativo, la afinación, la expresividad, las habilidades escénicas, la teatralidad, la simpatía en el escenario, la buena conducción en lo que se refiere a luces y sonido, que implica la selección de ambientes adecuados y la correcta decisión en relación con los retornos o el sonido hacia el público; en cuanto a las relaciones públicas, se requiere el buen trato con los periodistas, con los organizadores de conciertos y giras, el saber responder adecuadamente en las entrevistas con el objeto de mostrar la actividad del conjunto en forma correcta, pero también el saber ser un portavoz de las ideas colectivas, de modo que todos se sientan bien representados en el discurso que se hace, hay que saber acoger a los espectadores que se acercan al grupo y tratar adecuadamente con las personas que se interesan en él, en fin, hay una infinidad de pequeños grandes detalles que hacen la vida de un grupo como este y en los que todos tienen siempre algo que aportar.  Y todo esto, sin contar las cualidades personales que tienen que ver con el respeto mutuo, la amistad y el compañerismo. De todo esto se olvidaron estos “continuadores” y con la soberbia que los caracteriza a ambos, comenzaron a pensarse como los únicos gestores de algo que en verdad – inclusive cuando ellos eran los que figuraban como cabeza del grupo – siempre ha sido y será colectivo. Para bien o para mal, el Quilapayún es un grupo y como lo hemos afirmado tantas veces, un verdadero grupo, en el que se trata de aprovechar las buenas cualidades de todos y de ayudar a superar las malas que tampoco faltan en todos nosotros.

 

Los verdaderos grupos artísticos son entidades colectivas que viven de la potenciación adecuada de los talentos y de las habilidades personales de sus integrantes. La empresa insensata de Parada que consiste en hacer de líder absoluto de un amontonamiento de músicos necesitados de trabajo y que por ello están dispuestos a aceptar relaciones personales poco dignas con tal de ganar unos pocos pesos, no es viable, y la prueba de ello son los constantes quiebres internos que hacen que su agrupación cada vez se presente con integrantes diferentes. El Quilapayún tiene otro espíritu, responde a otro tipo de relaciones entre personas y persigue otros fines, sus integrantes no son instrumentos de nadie y han sabido encontrar siempre un lugar en el que se sientan cómodos, respetados personal y artísticamente, integrados en iniciativas que los conciernen personal y colectivamente. Parada con su habitual manera de torcer la realidad afirma mentirosamente que la suma de nuestras ausencias sobrepasa los 50 años. Él se olvida de nuestras presencias, que en total suman más de 200 años, se olvida de nuestros conciertos que sobrepasan los 2 000, de nuestros discos vendidos que seguramente se cuentan en millones. Pero sobre todo se olvida de las ausencias y presencias de su grupo. El ingeniero Parada se olvidó de la rigurosidad matemática y de que sus manipulaciones aritméticas debieran considerar todos los parámetros y no solamente los cálculos que a él le convienen, lo cual ha hecho que se le derrumbe el edificio. ¿Cuál es la presencia de sus integrantes, cuántos discos han hecho, cuántos países han visitado, cuánto conciertos han hecho? Que se atreva a contarlos. Si fuera honesto quedaría avergonzado de haber hablado de “continuidad”. Cuando el mono desesperado pierde el equilibrio, trata de agarrarse de cualquier rama. Lamentablemente, para sus pretensiones, algunas son demasiado débiles.

 

Lo que buscaron Parada y Wang fue intentar aprovecharse de nuestra historia colectiva para llevar a cabo sus proyectos artísticos personales, pretendieron explotar el nombre del Quilapayún en su favor, porque ninguno de los dos es capaz de abrirse un camino artístico personal de la envergadura del logrado por todos nosotros, y trataron de hacerlo sobre la base de la afección del público que asiste a nuestros conciertos, público siempre movido por la imagen que ha ido forjando nuestra larga historia. Ellos querían mostrar sus canciones personales, grabar sus discos, sin darse cuenta de que algo como el Quilapayún no puede instrumentalizarse tan fácilmente sin desvirtuar su cometido. La continuidad no es solamente seguir manteniendo en el tiempo un determinado repertorio, o unos ponchos negros, ni menos aprovecharse de los favores de que el grupo goza para mostrar derivaciones creativas que nada o poco tienen que ver con él.

 

Y es divertido que ellos utilicen la palabra “proyecto” para designar su propósito. Con ello desnudan sus verdaderas motivaciones que se limitan a instrumentalizar el nombre con el objeto de ser escuchados, y también es curioso que afirmen con tanta vehemencia que ellos son “la renovación”. De hecho, lo que ellos entienden por esto es la difusión de creaciones que no llegan nunca a hilarse adecuadamente con nuestra historia. “Tradición y modernidad” equivale en ellos a decir, repetición de las canciones antiguas del Quilapayún sobre el escenario, canciones por las cuales no se tiene ningún verdadero cariño, con el objeto de que ese público cautivo escuche sus mediocridades. En realidad, la única verdadera continuidad artística del Quilapayún está en ser capaces de volver a recuperar la fuerza original de un modo tan fiel a la historia del grupo, que de ello salgan canciones y mensajes que sean coherentes con ella.  La modernidad no puede estar separada de la tradición, porque en todo lo nuevo tiene que encontrarse lo que hizo la fuerza del Quilapayún en el pasado. Pero la contradicción más flagrante en este punto es que a pesar de que han pasado años con este discurso, no han sido hasta ahora capaces de generar nada verdaderamente nuevo, ni verdaderamente interesante. La canción que ellos han tomado como símbolo de su actual etapa es un jingle de pésima calidad que ni siquiera podría llegar a competir con los que en Chile se han hecho para las campañas electorales. Por lo demás, dicho jingle es una mala copia de esas campañas. De modo que de renovación, nada. Y de tradición tampoco, porque fuera de haber seguido cantando algunas de nuestras canciones del pasado, han dejado de lado buena parte de nuestro repertorio (por supuesto, todas mis canciones y las de Hugo Lagos) y además lo que han cantado lo han hecho con muy baja calidad artística. Escucharlos cantar el “Malembe”, por ejemplo, tratando de imitar la gracia de Hernán, es francamente patético y para qué decir la “Plegaria a un labrador” cuando Parada se atreve a volver a hacer de solista. O sea que todo esto no es más que una farsa y felizmente el tiempo la ha ido mostrando cada vez más como lo que verdaderamente es.   

Otra patraña que han agitado es la de recordar viejas declaraciones sin hablar del contexto en que fueron dichas o de sus verdaderas motivaciones. Yo no me puedo hacer cargo de mis dichos de antes del 2003 sobre el Quilapayún, porque hasta mi encuentro con mis antiguos compañeros y la toma de conocimiento de todas las barbaridades y tropelías cometidas en contra de ellos por Parada y que pisoteaban los principios y tradiciones de nuestro grupo, yo ignoraba en sus detalles lo que sí comenzó a saberse una vez que se destapó la olla. A partir de esa fecha, hubo que reconstituir el grupo que estos “continuadores” se habían encargado minuciosamente de destruir y gracias al trabajo de todos nosotros pudimos ser capaces de una de las gestas artísticas más significativas de la Nueva Canción Chilena. El día en que volvimos a encontrarnos juntos arriba de un escenario fue un verdadero renacimiento (“El Reencuentro”) y eso no solo lo sentimos nosotros, sino también el público, que celebró nuestros conciertos como un encuentro de ellos mismos con su propio pasado. Porque lo que no sabe Parada es hacer algo auténtico, afincado en la historia, respetuoso de todos los aportes individuales que durante años todos nosotros fuimos entregando y que hicieron la historia gloriosa de este grupo que felizmente no quedará reducido a la categoría de empresa comercial que le quiso dar Parada secundado por su socio Wang.

La única continuidad que han sido capaces de darle al Quilapayún Parada y Wang es la de la ignominia. ¡Cómo va a ser lo mismo cantar nuestras canciones con los que se la jugaron en Chile durante la unidad Popular, con los que sostuvieron la actividad del Quilapayún en los momentos difíciles del exilio, con los que fueron protagonistas de los cientos de conciertos que sirvieron como un exitoso apoyo a la lucha por la recuperación de la democracia en Chile, con los que cantaron en las manifestaciones de Allende, con los que trabajaron con Víctor Jara, con los que cantaron por primera vez El pueblo unido o la Cantata Santa María, que cantar con grupos formados con tipos que ni siquiera habían nacido cuando nosotros cumplíamos esta gesta o que se formaron cantando en grupos comerciales de música andina o de salsa! Tampoco es continuidad intentar transformar al grupo en una empresa con un tipo que decide todo y da órdenes que los demás se limitan a cumplir. Continuidad no es establecer sistemas de remuneraciones en las cuales siempre hay una parte del león y otra parte de los asalariados. Continuidad no es adulterar las ediciones de los discos con el objeto de disminuir la importancia de los conflictivos y aumentar la de los serviles. Continuidad no es aprovecharse del trabajo y del aporte llevado a cabo durante largos años por los integrantes originales del grupo para dar trabajo a músicos recopilados en el Quartier Latin. Continuidad no es aprovecharse de la marca para hacer pasar creaciones mediocres que de otro modo no llegarían más allá del cajón del escritorio de sus “creadores”. La única continuidad válida en este caso tiene que ver con el mantenimiento de los principios que le dieron vida al conjunto, con el respeto a las formas de relación que guiaron nuestra acción, con la forma de asumir nuestra experiencia política que nos hizo combatir el estalinismo dentro del Partido Comunista y teorizar nuestra propia experiencia bajo la idea de la revolución y las estrellas. Parada y Wang, por oportunismo, se han olvidado de todo eso y han buscado cobijar su mediocridad bajo el alero de grupos políticos trasnochados, con lo cual demuestran su estatura moral, pero también su indiferencia política, que los lleva a pisotear los ideales con tal de que los “revolucionarios” les arrastren a los teatros la gente que ellos son incapaces de atraer. La continuidad de Parada es la continuidad del negocio y del oportunismo, de la constitución de grupos ad hoc,  que se hacen y se deshacen conforme los nuevos integrantes van viviendo la experiencia de la falsedad hasta que esta se les hace insoportable. Han querido aprovecharse de nuestra historia para ponerla en venta, para ser escuchados por equivocación, para ser valorados como lo que no son. ¿Por qué insisten en presentarse bajo nuestro nombre a pesar de todas sus derrotas judiciales y artísticas? Porque si se presentan como lo que verdaderamente son, nadie se interesaría en ellos: son deshonestos política, artística y personalmente.

Mi compromiso con el Quilapayún se ha demostrado en los años en que verdaderamente uno se la jugaba cantando, en que luchábamos en contra de la dictadura militar y mucho antes todavía, en los años en que éramos la vanguardia de la canción chilena y hacíamos de todo por hacer avanzar nuestros ideales. Pero mi compromiso con el Quilapayún se fortaleció más todavía cuando fui llamado por mis propios compañeros a rearmar el grupo que estaba prácticamente en el suelo y fuimos todos capaces de levantarlo de nuevo demostrando donde está nuestra verdad, nuestro sentido de la belleza y nuestro verdadero vínculo con la cultura de los chilenos. Si en el 2002 yo había perdido toda relación con la música, en estos años la he recuperado, pero no porque haya renunciado a mi vocación filosófica, sino porque he sentido el deber de colaborar con toda mi alma para la rehabilitación de nuestro grupo, tarea que felizmente hemos cumplido a cabalidad. Citar a El Mercurio, como se hace a veces, transcribiendo nuestras opiniones deformadas es un desconocimiento total de la historia del Quilapayún. Si hay un diario que ha intentado perjudicarnos sistemáticamente durante toda nuestra historia es El Mercurio, que no ha reparado en las tergiversaciones y que ha recibido más de una vez cartas con desmentidos de nuestra parte, que, por supuesto, nunca se han publicado.

Por todo esto, creo que nuestros éxitos artísticos y jurídicos han sido un verdadero tapabocas en contra de estos tergiversadores. Me imagino lo mal que la deben haber pasado al enterarse de ellos, y estoy seguro de que si a pesar de todo no cejan en su intento de enredar nuestra historia, no es porque crean en la justicia de sus pretensiones, sino porque saben que si pierden todo vínculo con el Quilapayún, en el que la historia ha demostrado que estuvieron por equivocación, desaparecerán del mapa y volverán a ser lo que habrían sido sin él, personajes incógnitos con la sola figuración que les permite su escaso talento.

La historia lentamente nos ha ido dando la razón, cada vez son menos los que acompañan a estos falsarios y pronto serán muchos menos todavía. La verdad se abre paso con el tiempo y son ellos mismos los que han caído en sus propias trampas. En realidad – y puedo poner a muchos como testigo de que esto lo he dicho muchas veces antes – nuestros mejores aliados para derrotarlos son ellos mismos, las mentiras en las que se enredan, las promesas que nunca cumplen y que van poniendo a la luz pública que su discurso es falso, las afirmaciones que como las que hemos comentado demuestran que sus pretensiones son injustas. ¿Cómo es posible que alguien vinculado al Quilapayún haya podido falsificar documentos públicos, engañar a autoridades chilenas, mentirle a sus propios compañeros, apoderarse de bienes del colectivo con procedimientos engañosos, firmar contratos sin autorización y muchas otras tropelías cometidas antes y después de este conflicto? La verdad y la justicia siempre son más simples, no es necesario darse tantas vueltas como las que ellos se dan para demostrar que la razón está con uno. Basta mantener convicciones firmes, tener una sola línea, no apartarse de lo que uno es, para bien o para mal. Ellos no son el Quilapayún y nosotros sí lo somos. En eso está nuestra fuerza y por eso derrotaremos sistemáticamente, como hasta ahora lo hemos hecho, todos sus intentos de enlodar nuestra historia con sus funestas pretensiones. Ser o no ser del Quilapayún también es una cuestión de ética y eso es precisamente lo que ellos no han tenido. Ya es tarde para esperar que despierten y echen pie atrás. Tendremos que recorrer todos los caminos que la justicia requiera para derrotarlos. Pero somos los más fuertes; siempre lo fuimos, porque hemos elegido la autenticidad y la coherencia con lo que ha sido nuestra propia vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EDUARDO CARRASCO

Ciudad de México, julio de 2008

Anuncios

Responses

  1. Hola querido Eduardo Carrasco, te escribo para manifestarte mi solidaridad con la causa del Quilapayún y decirte lo mucho que me gusta su musica; la he escuchado desde 1986 y la seguire oyendo toda mi vida.
    Quiero decirte que me fascinó el concierto que dieron este 3 de julio en el Metropolitan, es la primera vez que los veo en vivo y ojalá que no sea la única -vengan mas seguido por favor-. Tampoco había visto un video de ustedes -hasta hace poco que consegui el dvd del reencuentro-, fué entonces y también a partir del concierto en el Metropolitan que mi admiracion por ti creció en gran medida, esto te lo digo porque me he dado cuenta de que a pesar de que gran parte del repertorio del Quilapayún son obras tuyas en varias canciones no tocas ni cantas -como ejemplo esta el Vals de Colombes en la que no tocaste- y para esto se necesita mucha humildad, misma que te hace una gran persona y un digno pilar del Quilapayún; no buscas protagonismo como Rodolfo Parada.

    Y por cierto, en lo que no estoy de acuerdo contigo es en eso de que tus composiciones musicales sean soportables; yo las considero excelentes y a la altura de las de Víctor Jara; en tus canciones plasmas todo lo que representa Quilapayún y la música chilena. Una de las canciones que más me gustan es Lunita de Lejos, es hermosa, gracias por haberla creado.

    En cuanto a lo referente de que la mejor voz que ha tenido Quilapayún es la de Carlos Quezada no comparto totalmente esto; me acuerdo que desde la primera vez que oí Canto a la Pampa quede impresionado con la voz de Willy Oddó. Disfruto enormemente escucharlos, pero sobre todo las canciones que cantó el Willy son las que más me hacen “vibrar”, al punto que no en raras ocasiones se manifiesta mi emoción por medio de las lagrimas.

    Estimado Eduardo, una vez dicho lo anterior te digo hasta pronto y gracias por abrir estos espacios para poder hacerles llegar lo que pensamos y sentimos. Te mando un fuerte abrazo, el cual se hace extensivo para todo el Quilapayún.

  2. He leido con detenimiento sobre el asunto, más que nada por saber lo que Quilapyún opina sobre el tema. Estuve en el Auditorio Nacional, cuando el supuesto Quilapayun de Parada se presento junto a Inti e Illapu. El 3 de julio estuve con ustedes en el Metropolitan, y puedo decirles que no hay comparación. Si hay un espiritu que permanece por más de 40 años, es el de Quilapayún que me hizo estremecer en el Metropolitan. Tengo 35 años, y yo he crecido con el Quila y Victor Jara, cualquier momento de mi vida puedo relatarlo acompañada de su música. Lo único que me queda es reiterar mi apoyo, admiración y mi cariño por la música que ustedes nos han regalado por tanto tiempo. Espero que pronto vuelvan a México, pues aqui habemos muchos anónimos que los queremos. Hasta siempre!


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: